miércoles, 18 de septiembre de 2013

Somos las horas y su contenido

Las horas siguen pasando, y con ellas vienen las canciones, los desayunos, las miradas por la ventana; se repiten los paseos, los pies descalzos, los lápices de colores y las ganas de llorar. Los días están llenos de café, de mesas y de sillas desconocidas, de detergente, de servilletas tiradas a la basura con los restos de la comida, de mecheros regalados y de otras servilletas con números de teléfono perdidas en los bolsillos de algún pantalón.
Las horas pasan
Parece que el tiempo viene completo de por sí. Y las horas pasan y no necesitan llenarse, más que de sí mismas. Porque en sí mismas llevan la suma de todas las cosas; el papel de retrete, la ducha, los recortes de revistas, los trayectos en bicicleta, las clases de teatro, la ropa sucia, los dibujos de acuarela, las tortugas marinas, las sonrisas desconocidas, la tiza en la pizarra, el dispensador de bebidas, la foto de perfil, la vuelta a casa, la humedad en el techo y el nudo en la garganta.
Los días pasan
Y vienen con ellos las canciones, los árboles, los postes que llevan los cables de la luz y otra vez, las ganas de llorar. Y crecen desde dentro como una planta, suben desde dentro, desde el corazón. Y crecen hasta llegar a los ojos y se dejan caer, deslizándose por la cara.
Los días están llenos de lágrimas muertas;
que se deslizan por el rostro hasta llegar a la barbilla. Y se detienen un instante, intentan alargar el momento… y se dejan caer. Caen como la lluvia de las tres de la mañana. Caen sobre los libros, en el café, sobre los lápices de colores y los pies descalzos.
Las noches están llenas de insomnio, de estrellas, de ventiladores y de ruidos lejanos; de ranas, de marihuana, de hormigas y de vueltas en la cama. Y las horas están llenas de olas, de asfalto, de libros, de piscinas, de tablas de surf y de pequeñas mentiras como “estoy bien”. Vienen con baños públicos, y con acuarelas torpes, con llaves que abren casas, neveras vacías y ganas de dejarse caer a los pies de un árbol, esperando que la naturaleza pudiese tragarse un cuerpo humano sin tener que matarlo.
Los días terminan igual que empezaron. Y son lo mismo las cinco de la tarde que las cinco de la mañana.
Y parece que no queda otra que ser feliz. Porque son preciosas las olas, y los lápices de colores; y sientan bien los pies descalzos, los desayunos y las clases de teatro. Las horas, infinitas, mantienen vivos estos días, llenos de lágrimas muertas. Algunas caen, en el café y sobre los libros. Otras no llegan a los ojos y encharcan la garganta. Pero el café sabe igual con lágrimas dentro, y las horas siguen pasando; sin preguntar. A nadie le importa realmente por qué no has ido a clase, o por qué no estabas escuchando cuando alguien hizo una broma, ni por qué tienes ojeras.

Y las horas siguen pasando, sin pausa.
Sin ella.

lunes, 16 de septiembre de 2013

Implosión


Implosión: Acción de romperse hacia dentro con estruendo las paredes de una cavidad cuya presión es inferior a la externa.